oh dios mortal,
que mi alma torturaste,
que en mis labios,
tus ojos,
se fueron a posar.
Congelando,
el aliento
que perdí,
cuando te marchaste.
Dime,
por donde e de caminar,
pues mis pasos,
en el aire,
son huellas
imborrables.
Dime,
a quien
le debo regalar,
toda esa luz,
que tú,
un día,
me regalaste.
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